Series en pandemia: Baradit y Ortega analizan Battlestar Galactica

Si usted es parte de las personas afortunadas que pueden pagar un servicio de streaming, ojalá que le sirva el dato: hay una serie excepcional que se estrenó sin estridencias hace algunas semanas en Prime Video,  pese a que se trata de una de las mejores producciones dramáticas de televisión realizadas alguna vez en televisión: Battlestar Galáctica (BSG).

Se trata del remake de la BSG original, que transmitió dos temporadas (en 1978 y 1980) y que estuvo lleno de polémicas, entre otras porque los productores de Star Wars acusaron a los realizadores de Battlestar de haberles robado algunas ideas.

En la serie, uno de los personajes principales es el Capitán Lee Adama (“Apolo”, por su nombre de combate), que en la serie original fue interpretado por el actor Richard Hatch, quien estaba convencido de que BSG merecía una segunda oportunidad.

En 1999 Hatch dirigió un tráiler casi artesanal que se puede ver aquí, en torno a una idea de una nueva serie basada en el mismo universo y que tituló “Battlestar Galactica, the second coming”. Aunque no tuvo mayor efecto, Hatch siguió molestando a medio mundo con su idea de revivirla hasta que NBC compró la idea, lanzando el piloto de la nueva serie en 2004. Hatch, que falleció en 2017, fue contratado en ella como actor, desempeñando el papel del líder subversivo Tom Zarek.

Sin embargo, entre la serie de 1978 y la adaptación de 2004 hay una buena cantidad de diferencias. BSG es una serie de ciencia ficción que, sin embargo, excede el género, pues trata sobre un universo de humanos asentado en 12 colonias (una clara alusión al mito bíblico de las 12 tribus perdidas de Israel), que han superado un conflicto de muchos años con los Cylon, un tipo de robots provistos de inteligencia artificial que se rebelaron y declararon la guerra a la humanidad, conflicto que terminó con un armisticio, tras el cual  los Cylon emigraron de las 12 colonias, con el fin de buscar un mundo propio. No obstante, y aquí empieza la serie, regresan en forma intempestiva luego de 40 años sin que nadie supiera acerca de ellos.

La acción, a partir de ese momento, se centra en la Battlestar Galáctica, una inmensa y vieja nave de combate que literalmente tiene todo un mundo de dentro de ella, lo que permite entender  la operatoria del poder con todas sus intrigas, sus pequeñas y grandes conspiraciones, así como la miseria que generalmente le acompaña, especialmente cuando los aspirantes a él no son personas a la altura de las circunstancias. En ese sentido, es una mezcla de “El arte de la guerra” de Zun Tsu y de “El Príncipe”, de Maquiavello, que además evidencia de lleno la imposibilidad de que cualquiera gobierne si no cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Ortega y Baradit

Dos fanáticos asumidos de la serie, y así lo han dicho en sus redes sociales, son los escritores Francisco Ortega y Jorge Baradit. Al respecto, el primero señala que “Battlestar Galactica es la mejor serie de los últimos años, quizá solo superada por The Wire y Breaking Bad. Es una serie tramposa que bajo el disfraz de una space opera habla de un montón de otros temas: el miedo, el poder y la tradición a través de una fábula política y religiosa, que no se desarma ni siquiera en su polémico final”.

Además, agrega, es muy interesante “el paralelismo entre el mito judío de los expulsados de Egipo; es decir, Moisés con sus 12 tribus en busca de Canaán, la tierra prometida, un pueblo monoteísta perseguido por un pueblo politeísta. En Galáctica es todo al revés: los que son expulsados, como sucedió con los egipcios, son los politeístas, que ahora son perseguidos por fanáticos religiosos monoteístas”.

Al mismo tiempo, señala, existe una evidente semejanza entre Moisés y la presidenta Roslin, y comenta un detalle que también evidencia las alusiones religiosas de la serie: “el apellido de ella es el mismo nombre que tiene la capilla de Rosslyn, en Escocia”, la cual muchos creen que fue el lugar donde alguna vez llegó el Santo Grial.

Baradit, por su parte, destaca que “es una serie que explora la paranoia post Torres Gemelas, en medio de la cual al otro (el musulmán) se le podía demonizar, torturar, quitar derechos y ejecutar sin juicio, mostrando la tensión entre un militarismo que ofrece seguridad y orden en un momento de crisis, versus una democracia que ofrece el ‘peligro’ del asambleísmo, la fragmentación y ‘la mano blanda”.

En ese sentido, el autor de la saga “Historia Secreta de Chile” explica que “esta serie, de manera inteligente, no cae en el panfleto y ofrece todo el abanico de glorias y miserias de un colectivo expuesto a una situación límite”.

Coincide con Ortega, además, en el aspecto religioso y en “el fanatismo de una comunidad, los cylons, que no temen sacrificarse porque tienen la certeza de que ‘resucitarán’ en la gloria del dios único”. Desde la perspectiva narrativa, indica que al igual que Star Wars, BSG “recurre a una estructura de arquetipo típico“, pero precisa que mientras las películas de George Lucas se enhebran en torno al viaje del héroe, “BSG utiliza el viaje colectivo, el periplo de un pueblo hacia la tierra prometida“.

Los personajes

Además de todo lo anterior, BSG es una gran serie, entre otros motivos, porque tiene algunos de los mejores personajes que se puede encontrar en la televisión estos días. Quizá el más carismático de todos ellos es la piloto de combate Kara Thrace (cuyo nombre de combate es “Starbuck”), de la cual Baradit comentó por Twitter que “no recuerdo otra reconversión de personaje masculino a femenino tan bacán como el del Starbuck del ’80 a Kara Thrace”.

En efecto, en la serie original “Starbuck” era un hombre, pero en el remake lo convirtieron en mujer y crearon un personaje muy potente, pues Kara Thrace es atractiva y coqueta, pero al mismo tiempo es la mejor piloto de combate de la flota, bebe como cosaco y golpea como Martín Vargas, mix debido al cual se convirtió en el personaje más adorado de la serie, como dice Baradit.

Otros grandes personajes son el almirante a cargo de BSG, William Adama (un impasible James Edward Olmos), su hijo Lee (Jamie Bamber), la presidenta Laura Roslin (Mary McDonnell) y el “malo” más brillante de la televisión, Gaius Baltar (James Callis), un villano tan despreciable, pero atractivo al mismo tiempo, que solo puede compararse con ese otro gran malvado de la televisión que es el chileno Gustavo Fring (Giancarlo Esposito) en “Breaking Bad”. Mención aparte merecen los distintos cylon que tienen números por nombre, pero respecto de los cuales cuales no podemos contar más, para no echarle a perder la serie a quienes no la han visto aún. Sí, sé que es una serie que se terminó de emitir hace ya más de 10 años, pero como apunta Jorge Baradit, hay una generación entera que recién la está comenzando a ver, así es que le guardaremos el encanto del misterio.

Sin embargo, sí es necesario señalar que en Prime están la miniserie (hay que comenzar con ella) y las cuatro temporadas de la serie.

No obstante, en dicho servicio de streaming no está la película “Razor”, que sirve para conectar la segunda y la tercera temporadas (y parte de la cuarta también, sé que es confuso), ni tampoco la película “El plan”, que muestra lo ocurrido desde la perspectiva de los Cylons. Tampoco figura la película “Blood & Chrome”, que muestra a William Adama de joven, ni las dos series de webisodes breves (que se pueden ver aquí y acá) ni mucho menos los 18 capítulos de Caprica, una precuela de BSG.

Frak.